Le rodeé el cuello con los brazos. Me sentía extraña, porqe no estaba en absoluto segura de saber hacerlo bien. Me puse de puntillas y al mismo tiempo le bajé la cabeza hasta qe pude alcanzar sus labios con los míos. Eso no habría funcionado con otra especie. Otras mentes no se dejaban dominar tan fácilmente por el cuerpo; sin duda, las otras especies tenían sus prioridades ordenadas según su criterio mejor. Pero él era humano y su cuerpo respondió. Aplasté mi boca contra la suya y le ceñí el cuello con más fuerza con los brazos; pues su primera reacción fue apartarme. Recordaba cómo había movido él la boca contra la mía la vez anterior, y traté de imitar el movimiento. Sus labios se abrieron con los míos, entonces sentí un extraño estremecimiento de triunfo ante mi éxito. Después de eso ya no tuve qe esforzarme más. Me tomó por la nuca con una mano mientras la otra me ceñía la parte baja de la espalda, apretándome tanto contra él qe me resultó difícil introducir aire en mis pulmones constreñidos. Yo jadeaba, pero él tambien cuando su aliento se mezcló con el mío. Noté mi espalda contra la pared rocosa; su cuerpo me aplastaba contra ella, acercándose aún más al mío. No había parte ninguna de mi cuerpo qe no se hubiera fundido ya con una parte de él.
Sólo existíamos los dos, tan unidos qe apenas contábamos por dos.
Sólo existíamos los dos, tan unidos qe apenas contábamos por dos.
Sólo nosotros.
Nadie más.
Solos.
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