18 oct 2011

Había una vez cuatro niñas qe tenían lo suficiente para comer, beber y vestirse, y muchos consuelos y placeres, buenas amigas, padres qe las amaban tiernamente, a pesar de lo cual no se daban por contentas. Esas niñas querían ser buenas y adoptaban muchas resoluciones excelentes, pero no las cumplían todas muy bien y se pasaban la vida diciendo: " Si yo tuviese eso " o " Si pudiéramos hacer aquello ", olvidando por completo cuántas cosas tenían ya y cuántas podían hacer. Preguntaron a una vieja qué medio podrían emplear para ser felices y les dijo: "Cuando se sientan descontentas, piensen en las cosas buenas que tienen y sean agradecidas". Las niñas, qe eran juiciosas, decidieron poner en práctica el consejo de la vieja, y pronto se hallaron sorprendidas al ver lo bien que les iba. Descubrió la una qe el dinero no puede alejar la verguenza y el dolor de las casas de los ricos; otra qe aunque pobre, era mucho más feliz con su juventud, su salud y su alegría qe cierta inquieta y achacosa anciana que no podía disfrutar de sus comodidades; la tercera  que aún siendo desagradable el ayudar a hacer la comida, lo era más el pedirla de limosna, y la cuarta qe no vale tanto una sortija de granates como una buena conducta. Convinieron dejar de quejarse, gozar de las cosas buenas qe tenían y tratar de merecerla, no fuera a ser que las perdieran del todo en vez de verlas aumentadas, y creo que no les pesó nunca haber seguido el consejo de aquella vieja.

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