27 nov 2010

Tenían las manos atadas o esposadas, y sin embargo los dedos danzaban, volaban, dibujaban palabras. Los presos estaban encapuchados; pero inclinándose alcanzaban a ver algo, alguito por abajo. Aunqe hablar estaba prohibido, ellos conversaban con las manos. Algunos presos pasaron más de diez años enterrados en solitarios calabozos del tamaño de un ataúd, sin escuchar más voces qe el estrépito de las rejas o los pasos de las botas por los corredores. Condenados a esa soledad, se salvaron porq pudieron hblarse, con golpecitos a través de la pared. Así se contaban sueños y recuerdos, amores y desamores; discutían, se abrazaban, se peleaban; compartían certezas y bellezas y tmb compartían dudas y culpas y preguntas de esas qe no tienen respuestas. Cuando es verdadera, cuando nace de la necesidad de decir, a la voz humana no hay quien la pare. Si le niegan la boca, ella habla por las manos, o por los ojos, o por los poros, o por donde sea. Porq todos, toditos, tenemos algo qe decir a los demás, alguna cosa qe merece ser por los demás celebrada o perdonada ..

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